
Lo que hay entre David Monreal y Miguel Varela no es un simple desacuerdo de gabinete: es una pelea de egos desbocada donde nadie cede, nadie da la cara y todos pierden, menos ellos. Mientras se tiran piedras mutuamente, la capital y todo el estado se quedan sin soluciones, atrapados en un pleito que huele más a rencor político que a interés por la gente.
Desarrollo
Monreal se cree dueño absoluto de Zacatecas: habla como si la capital fuera un apéndice más que debe obedecer ciegamente lo que ordena desde Palacio, sin importarle un bledo si el ayuntamiento tiene voz ni voto. Anuncia obras, mueve recursos y toma decisiones como si el municipio no tuviera ni derecho a opinar, tratando la autonomía municipal como un estorbo que le estorba a sus planes.
Varela
Del otro lado, Varela se encubre de la queja para poner trabas por sistema: todo lo que venga del estado lo rechaza de entrada, sin analizar si sirve o no, usando el pretexto de la autonomía para bloquear cualquier avance. En lugar de sentarse a negociar, prefiere soltar críticas en los medios y negar permisos, demostrando que para él la prioridad es ganarle al gobernador antes que arreglar los problemas de su gente.
El caso del segundo piso fue el ejemplo más turbador: Monreal impone la obra sin consultar, sin explicar costos ni riesgos, como si nadie más tuviera derecho a decir qué se hace en su propia casa. Varela por su parte se opuso sin presentar una sola alternativa real, solo gritando que es una imposición, dejando claro que prefiere que no se haga nada antes que coincidir con su rival. Y así con todo: los recursos se estancan, la seguridad se desatiende, las calles siguen rotas, y ambos se echan la pelota mutuamente sin asumir ni una pizca de responsabilidad.
Son dos caras de la misma moneda: uno abusa de su poder para no escuchar, el otro usa su cargo para sabotear. Ninguno está dispuesto a ceder ni un milímetro, y el único resultado es que Zacatecas se queda parado, mientras ellos siguen peleando por ver quién manda más.
Conclusión
Esta pelea estúpida no tiene ganadores: solo tiene víctimas que son los zacatecanos. Mientras ellos sigan midiendo su éxito por cómo le joden la vida el uno al otro en lugar de ver por nosotros, la ciudad… seguirá con las ganas de ver, sentir el progreso.
Es hora de que dejen de comportarse como niños en el patio de la escuela y sepan que sus cargos no son para pelear, sino para servir —algo que ambos parecen haber olvidado por completo.
Ricardo REYES/zacatecas web news.com.mx