
-Miles de familias se vuelcan en los panteones para convivir con sus muertos
-Fue un día de fiesta, de convivio, de pasar la tarde con sus fieles difuntos
-Hubo de todo, desde comida hasta bebida
-Los recuerdos se veían reflejados en la mirada de los deudos: en los hijos, en las esposas, en los viudos, en los hermanos, en todos aquellos que han perdido a alguien especial. Porque esta fecha no es solo una celebración, es una promesa: mientras alguien te recuerde, vives para siempre.
Zacatecas, Zac.– Este 2 de noviembre, México abraza una de sus tradiciones más profundas y sentidas. Como dijera en alguna ocasión: «La gran tragedia de la vida no es la muerte, sino lo que dejamos morir mientras estamos vivos.»
Es un día para los que se fueron, para los que extrañamos, para los que recordamos y para los que nunca olvidamos. Porque quienes amamos verdaderamente siempre están en nuestros corazones; nunca se van del todo. Como bien se dice: «Al ser amado, solo se aprende a vivir sin él, no a olvidarlo.»
En Zacatecas, los panteones de Herrera, La Purísima y Jardines del Recuerdo lucieron llenos de luz y color. Miles de flores de cempasúchil guiaron el camino de las almas que regresan a casa; el aroma de la comida favorita de los difuntos, el copal y las velas llenaron el aire. Familias enteras acudieron a limpiar, adornar y convivir con sus seres queridos, como si el tiempo se hubiera detenido.
La gran tradición mexicana se mantiene más viva que nunca, y Zacatecas y su gente así lo vivió. No olvidamos. Los extrañamos. Y poco a poco, con el corazón aún dolido, aprendemos a vivir sin ellos.
Los recuerdos se veían reflejados en la mirada de los deudos: en los hijos, en las esposas, en los viudos, en los hermanos, en todos aquellos que han perdido a alguien especial. Porque esta fecha no es solo una celebración, es una promesa: mientras alguien te recuerde, vives para siempre.
Para todos aquellos que creemos, que recordamos y que festejamos a nuestros muertos. Que su memoria sea siempre nuestra fortaleza.








