
Tras el rescate del menor encerrado en una bodega, sus familiares permanecen bajo protección y vigilancia del DIF Estatal
Zacatecas, Zac. – El caso de Ángel, el niño de 8 años que fue encontrado amarrado y encerrado en una bodega en condiciones infrahumanas, conmocionó a todo el estado. Pero lo que pocas personas saben es que el pequeño no estaba solo en esta historia: tiene cuatro hermanos, tres niñas de 14, 11 y 5 años, y un varón de 10 años, quienes también vivían en el mismo hogar y ahora son parte fundamental de las investigaciones y del proceso de protección por parte de las autoridades.
Desde que se hizo público el caso, las miradas se han centrado en la salud y la recuperación de Ángel, quien presentaba desnutrición, lesiones físicas y secuelas emocionales graves. Sin embargo, personal del Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) y de la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes informó que sus cuatro hermanos también fueron resguardados de inmediato, al detectarse que el entorno familiar presentaba condiciones de riesgo y posible omisión de cuidados desde hace mucho tiempo.
Un hogar marcado por la ausencia y problemas familiares
De acuerdo con los primeros reportes de investigación, la situación de esta familia cambió drásticamente hace un par de años, cuando falleció la madre de los cinco menores a causa de la enfermedad por COVID-19. A partir de entonces, la responsabilidad del cuidado de los niños quedó a cargo del padre y de una tía materna —quien ha sido señalada como la responsable directa de haber encerrado y maltratado a Ángel—.
Fuentes cercanas a la indagación revelaron que ya desde el año 2023 existían señales de alerta sobre el ambiente en el que crecían los menores. En específico, se tuvo conocimiento de que el hermano de 10 años ya contaba con reportes por parte de personal escolar, quienes habían dado aviso por conductas agresivas, aislamiento y cambios bruscos de comportamiento, hechos que hacían sospechar que algo no estaba bien en su casa, aunque en ese momento no se profundizó en la situación familiar.
Las cuatro niñas y niños, al igual que Ángel, asistían a la escuela, pero tras los hallazgos encontrados en la vivienda —falta de alimentos, condiciones de higiene nulas y violencia intrafamiliar—, las autoridades determinaron que ninguno de los cinco contaba con la protección, el afecto ni los cuidados básicos que por ley merecen.
Bajo observación, mientras se define su destino
Actualmente, los cuatro hermanos permanecen bajo resguardo y vigilancia permanente. Reciben atención médica, psicológica y social especializada, ya que los expertos explican que, aunque no sufrieron el mismo maltrato explícito que Ángel, haber vivido en ese entorno implica que también han estado expuestos a situaciones de violencia, abandono y carencias que dejan huella.
“Estamos evaluando cada caso de forma individual y también como grupo familiar. Lo que buscamos es garantizar su seguridad, su integridad y sus derechos, que son lo más importante”, explicó una representante del DIF Estatal. “Se analiza si las personas que quedaban a cargo —el padre y la tía— tienen la capacidad, las condiciones y la idoneidad para seguir cuidándolos, o si es necesario separarlos definitivamente y buscar otras opciones, ya sea con otros familiares o en albergues especializados”.
Hasta el momento, la tía de los menores se encuentra bajo investigación por los delitos de violencia familiar y omisión de cuidados, mientras que también se revisa la actuación del padre, para determinar si él también incurrió en negligencia o permitió que pasaran los hechos que hoy tienen indignada a a toda la sociedad zacatecana.
La decisión más difícil: ¿Se quedarán juntos?
Uno de los puntos más delicados que analizan las autoridades es si es posible mantener a los cinco hermanos juntos, tal como lo marca la ley para preservar los lazos familiares, siempre y cuando esto sea lo mejor para ellos. Por ahora, todos reciben atención especializada y se avanza en las indagaciones para saber por qué se permitió que Ángel viviera encerrado y en qué condiciones crecieron sus otros hermanos.
El caso ha servido también para reactivar los protocolos de alerta en escuelas y centros de salud, para que cualquier señal de maltrato, descuido o cambio de conducta en menores sea atendida de forma inmediata.
Lo que sigue para Ángel y sus cuatro hermanos es un proceso largo de recuperación física y emocional. Por lo pronto, la sociedad sigue atenta, exigiendo que se haga justicia y que se garantice que estos niños, que vivieron el abandono, por fin tengan un entorno seguro, amoroso y digno para crecer.